Nacida en el siglo XVIII en el este de Francia, la madeleine se ha convertido en un símbolo de confort y de la infancia. Representa la sencillez refinada y la emoción de los recuerdos proustianos.
Notas de cata: Ataque suave y a mantequilla, realzado por un toque de vainilla y una pizca de ralladura de bergamota. Corazón tierno con notas de bizcocho y mantequilla, toques de frutos secos y matices de horneado delicado.
Para la carta de bebidas: Sublime en lattes, cappuccinos, flat whites y tés helados. En cócteles y mocktails, marida bien con ron dorado, licor de almendra o limón, aportando a cada creación una nota nostálgica, floral y reconfortante.
